sábado 4 abril 2020

Pesadillas Reales: La cara que gritaba hacia dentro

Escrito por:

Varo Glam
Escritor de ficción oscura y romántica liberal. Creador de contenidos.

Antes de pasar a la historia en sí quisiera contaros de dónde viene y por qué he decidido escribirla. Es un sueño que tuve hace algunos años y que hace poco se repitió algo parecido. Como no soy alguien que se cree el verdadero significado de los sueños y las interpretaciones que se hacen, pues hago mi propia interpretación de lo que sueño, sobre todo con los que me parecen extraños o sospechosos. Porque seamos realistas, nunca soñamos con un caballo negro o unas tijeras abiertas, todo es siempre o casi siempre como una película con infinidad de detalles y personajes.

¿De dónde viene esa inspiración divina para crear historias tan complejas?

¿Y qué pasa si un sueño se repite más de una vez? ¿Y si se aparece justamente la misma persona, el mismo rostro, el mismo…espíritu? Lo que tengo claro es que siempre que lo paso mal en las pesadillas, las vivo en el cuerpo de un niño. Y claro, eso es mucho peor que hacerlo como adulto ya que muchas veces los adultos me obligan a avanzar o a realizar acciones que no me apetece hacer por miedo.

Creo que en la pesadilla que os voy a contar se me apareció un espíritu o al menos eso es lo que creo por cómo me sentí y cómo me desperté. Y no tiene nada que ver que la noche anterior hubiese visto una película de terror, de hecho no la vi y algunos dirán que todo fue fruto de mi subconsciente. Puede ser. Pero mi naturaleza curiosa y mi mente me dicen otra cosa bastante distinta. Y prefiero quedarme con eso ya que me resulta más atractivo y emocionante.

Paso a relatar la pesadilla, la que tuve hace años y que aún recuerdo con nitidez ya que me hizo despertar gritando y sintiendo como alguien me ahogaba. Os lo juro.

La cara que gritaba hacia dentro

Todos los allí presentes huían de un mundo que se estaba acabando. Lo primero que hizo mi grupo fue correr a través de la pista de un aeropuerto que se caía a pedazos y donde aquí y allá había aviones destrozados y otros tantos iban cayendo y destruyéndose como si fuese lo más normal del mundo. Yo intenté decirle a mis padres que no valía la pena subirse a un avión si seguramente íbamos a morir. Me dijeron que era lo que había y que era lo que teníamos que hacer. No había otra opción. Todos en aquel mundo aceptaban que la vida era corta y que no pasaba nada por morirte en cualquier momento de tu vida, tuvieses 10 o 70 años. Vivir o morir dependía de la suerte que tuvieses.

Tras un viaje infernal en avión donde cada segundo temí por mi vida por las terribles imágenes que veía por la ventanilla, al fin aterrizamos y luego tuvimos que tomar un barco para desplazarnos a un lugar seguro al otro lado de la costa. Pues bien, aquel barco iba hasta los topes de gente y todos teníamos que ir de pie. Por unos segundos me separé de mis padres para entretenerme un poco después del estresante viaje en avión. La moqueta era roja y estaba bastante sucia y la gente tenía aspecto desaseado.

Tras vagar por los distintos compartimentos un buen rato, decidí sentarme en un lugar que vi desocupado. Justo al mirar hacia adelante, vi un grupo de chicos y chicas de más edad que yo en el sueño que estaban mirando algo que sostenía uno de ellos. En realidad me hubiese dado igual lo que les entretenía pero claro, lo que hizo que me interesara por ello fue que de vez en cuando me miraban y soltaban una risita. Finalmente opté por ponerme de pie y unirme a aquel corrillo. En un principio ofrecieron algo de resistencia a que me uniese a ellos pero al decirles: «¿Qué pasa aquí? ¿Qué estáis mirando con tanto detenimiento?», decidieron mostrarme la foto Polaroid que sostenía un chico o una chica, eso no lo recuerdo con tanta exactitud.

Al fin me entregaron la foto, yo la cogí con firmeza y miré de reojo al resto que seguían con aquella sonrisita siniestra. Al mirar la fotografía con detenimiento vi al fin aquella cara y sentí como si todo aquello fuese una trampa para captar mi atención. Podría no haber cogido aquella foto y haber seguido soñando y viajando por aquel mundo apocalíptico. Pero no, la foto quería que la cogiese, que la observase y viese aquella cara con la boca bien abierta de la que salía un grito realizado hacia adentro, era como un suspiro ahogado y potente. Pero no solo me espantó eso, también lo hizo aquella cara desencajada que parecía borrosa de la potencia que tenía su grito. Su piel era pálida y su pelo rubio estaba enmarañado.

Al ver y sentir lo anteriormente descrito, me puse a gritar como lo hacía aquella cara y al final me desperté gritando y con la imagen de aquel rostro grabado en mi retina. Fue como cuando te quedas mirando fijamente una bombilla y luego apartas la mirada y sigues viendo su resplandor. Lo mismo me pasó con aquel espíritu.

¿Por qué grité yo? Porque era como contemplar el horror máximo, como si aquel grito quisiese meterse en mi interior y ahogarme. De hecho lo que hizo despertarme, además de mi grito, fue el hecho de que me faltaba aire.

Tras calmarme, miré el reloj y comprobé que aún quedaba noche por disfrutar y me tuve que volver a dormir. Lo hice con miedo y cautela pero no volví a ese mundo ni volví a ver aquella cara…hasta hace poco. Y no es que la viese en una foto sino en forma de espíritu, en un lugar prohibido para el ser humano.

Pero de eso os hablaré en siguientes entregas.

¿Os ha gustado? ¿Habéis soñado con algo similar? Dejadme un comentario y contadme vuestras experiencias.

Un abrazo y nos vemos en siguientes posts de esta web.

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