sábado 4 abril 2020

La coleccionista de muñecos encerrados – Un cuento reflexivo sobre los juguetes

Escrito por:

Varo Glam
Escritor de ficción oscura y romántica liberal. Creador de contenidos.

Mary está contenta, pletórica. Acaba de llegarle un paquete que viene de muy lejos. ¿Qué será? ¡Vaya emoción! ¿Un cerebro nuevo con el que poder jugar a ser alguien de provecho? No, a no ser que los cerebros vengan en paquetes rectangulares de 17 x 12 x 10 cm.

Mary antes que nada coge su smartphone y lo coloca en un trípode, está nerviosa, le tiemblan las manos ¡Vaya Mary-emoción! El pulso se le acelera, al fin, ha llegado, parece una niña el día de navidad ante sus regalos. Pero ella tiene 35 años. Qué más da piensa ella.

Pulsa el botón de emitir en directo de su smartphone y coge el paquete. Suavemente desliza sus dedos por el celo y lo va despegando poco a poco ya que no quiere romper el envoltorio por muy feo que sea. Ras-ras-ras. Y lo abre, lo descubre, lo libera. Mary grita de emoción, se gira hacia la cámara del smartphone para comprobar si está recibiendo likes de la gente y comentarios, no puede ser que no lo hagan, el mundo tiene que estar gritando de alegría porque ha recibido… Una caja con un muñeco en su interior. Edición coleccionista y ultra exclusiva, eso sí. Pero es una figura, nada más. Puede que valga mucho en un futuro pero lo que importa es el ahora ¡Vaya Mary-emoción!

Sostiene la caja de cartón con una zona transparente y observa a la figura de su interior, después la muestra a cámara.

Es increíble chicos ¿lo habéis visto? Edición limitada exclusiva, asombroso, alucinante… Todo mío, no tengo palabras, estoy emocionada.

Cualquiera pensaría que Mary sacaría la figura de su caja para poder tocarla y observarla más de cerca. Pero no. Esa figura se quedaría allí, atrapada dentro de una caja con decoraciones y un logo que certificaba su autenticidad. Era más importante la caja que su contenido. Curiosa similitud con muchos aspectos de la vida de Mary. Pero ella estaba feliz y por ello corrió a colocar la caja en una estantería gigante plagada de más figuras encerradas en sus respectivas cajas. ¿Cuántas tenía? No lo sabía, tampoco le importaba ya que el único momento en el que disfrutaba era cuando recibía las figuras. Era su chute de adrenalina, su Mary-emoción.

Mary se despide de su público que ha llenado el chat del directo con comentarios aduladores y saludos de todas partes del mundo. Todos desean ser como ella y tener lo que tiene. Lo material, claro. No la conocen, no saben donde vive ni por lo que llora cada noche al irse a dormir.

Fin de la emisión.

Mary se gira hacia la estantería plagada de figuras, mira su sofá y lo tiene lleno de otras figuras de colección también encerradas en sus envoltorios de cartón impresos en distintos colores y asomando sus caras tras plástico transparente. Bajo su televisor hay varias videoconsolas en sus respectivas cajas y películas en sus estuches y con su celofán correspondiente.

Mary al ver todo lo que tenía, en vez de sentirse pletórica como al principio, se vino abajo al recordar la muñeca que tenía cuando era pequeña, cómo la peinaba y la abrazaba por la noche cuando dormía con ella ¿dónde estaba? ¿Dónde estabas Annie? ¿A piezas en un vertedero? Quizá sólo quedaba su cabeza, o un ojo. Sin embargo aquellos muñecos inexpresivos estaban intactos tras su caja de cartón. Todo en su hogar permanecía intacto porque no lo usaba, sólo servía para mirarlo y ni eso. Hacía mucho tiempo que nadie entraba en su casa, hacía muchísimo que ningún niño intentaba abrir una de esas cajas con premio en su interior. Porque la reacción natural es querer sacar el muñeco para poder jugar con él un rato y después dejarlo donde te apetezca. Que se llene de polvo, lo vuelvas a coger y con tus manos sientas su textura, su peso, su frialdad o calidez. Pero todo eso estaba a años luz de Mary y de su Mary-emoción.

Aburrida de su vida y de todo lo que le rodeaba decidió ponerse una película: Toy Story 2. La sacó del celofán y abrió la caja por primera vez desde que la compró, hará varios años. ¿Que por qué? Tendréis que verla (si no la habéis visto ya) para saber a qué me refiero.

Y como punto y final os dejo con una bonita frase de Buzz Lightyear a Woody de esa misma película:

«Un juguete me enseñó que, antes que nada, la vida no tiene sentido si no eres amado por un niño; estoy aquí para rescatar a ese juguete pues creo en sus palabras».

Todos los derechos reservados. Copyright 2018.

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