sábado 4 abril 2020

El día que conocí a Stephen King… En sueños

Escrito por:

Varo Glam
Escritor de ficción oscura y romántica liberal. Creador de contenidos.

No sé en qué dimensión de mi subconsciente estaba, lo único que sé es que hice el ridículo.
Ahí estaba yo, huyendo de alguien o algo, una situación o sensación. Pero en el reino de los sueños sigues adelante, a diferencia de la realidad que muchas veces te tumbas a dormir o te inflas a pastillas para no pensar.

A lo que iba.

Caminaba junto a un amigo que hace tiempo que no veo pero que en aquel sueño tenía otra cara. Pero era él. Lo sentía aunque la materia dijese otra cosa muy distinta. Estábamos en una especie de polígono industrial y aunque lo niegue, sí, era un polígono que en mi subconsciente me provoca náuseas. Es donde trabajé durante casi ocho años de mi vida. En dicho párking de aquel maldito polígono, estaba el mismo Stephen King. Sí, era él pero algo más agraciado, como cuando lo ves en una foto de alguna revista: maquillado, vestido austeramente pero elegante y todos esos elementos artificiales agregados para una publicación para un medio de lo más masivo e influyente.
Pero era él, el gran King. Cargaba una caja de cartón repleta de libros y se dirigía a su vehículo. Abrió el maletero y dejó dicha caja y yo ni corto ni perezoso aligeré el paso y me acerqué a él.

—Perdone… Digo… Hi! Pleased to meet you! —le extendí ridículamente mi mano.

Él me sonrió a lo Harrison Ford en Indiana Jones y me correspondió el gesto. Mi amigo estaba junto a mí como un espectador más.

—Encantado, chico —me contestó el bueno de Stephen.
—Oh, vaya ¡Habla español!
—Sí, vivo aquí desde hace tiempo y era cuestión de tiempo que aprendiera el idioma.
—Entiendo, entiendo.
—Voy a… —hizo un gesto de volver a una de las naves industriales que estaban detrás nuestro— Tengo que seguir trayendo cajas que en breve me mudaré a mi casa de campo en Mallorca.
—Ah, no se preocupe, digo, puede seguir haciendo lo que esté haciendo…. —que estúpido me sentí en aquel momento. Pero aún así añadí— ¿Podría venir con un libro suyo para que me lo firmase? Sería un gran honor.
—Por supuesto chico, siempre y cuando no tardes más de 15 minutos —me sonrió como proponiéndome un desafío.
—Sí, estaré aquí en un abrir y cerrar de ojos. Gracias.
Y salí corriendo. Mi amigo me siguió. En una situación normal hubiésemos intercambiado un par de frases pero no. El objetivo era coger uno de mis libros en formato físico de Stephen King y llevárselo para que me lo firmara. Y casualmente, a dos naves industriales de allí, tenía mi casa-oficina. Entré como un rayo y cogí el primer libro rojo que vi. Actualmente no sé cómo son las ediciones de bolsillo de King, pero las que tengo yo son de un color rojo sangre que se ha ido destiñendo con el tiempo y actualmente son más sangre de película giallo.

Corrí de nuevo hacia el exterior y mi amigo me siguió de nuevo. Era un espectador más pero creo que en aquel sueño era mi apoyo si pasaba algo desastroso. Ya me había salvado en algún que otro encuentro con los villanos del lugar y seguramente me protegería si me volvía a ocurrir algo penoso o catastrófico. Porque lo que recuerdo bien es que en ese sueño yo era la víctima.

Encontramos a King como antes, portando una caja llena de libros y dejándola en el maletero de su coche. Sí, el coche no lo he descrito bien porque en dicho sueño no estaba demasiado definido pero parecía un modelo de los años 80 o principios de los 90. King al verme, me hizo un gesto para que lo siguiese. Yo estaba pletórico, radiante de felicidad, a punto de conseguir lo que muchos lectores o fans de él les gustaría: tener un libro firmado y dedicado.

Mi amigo es lector aunque creo que en esos momentos seguía desempeñando su papel de voyeur de la tragedia. Entramos a la nave industrial y pasamos a la oficina de King. Había tres sillas de sala de espera contra una pared. Él se sentó en la del medio, mi amigo en un extremo y yo en otro. Le extendí el libro y él se lo quedó mirando por unos momentos.

—Soy un gran fan suyo ¿sabe? Pero sobre todo de los clásicos, por eso le he traído este que es sobre historias cortas y al cual le tengo un especial cariño.

Mi amigo, por una extraña razón me comenzó a mirar con cara de preocupación, cosa que hizo que me distrajese y dejase mi charla adulatoria. Le correspondí haciéndole gestos de qué pasaba y él seguía con sus muecas extrañas. King comenzó a hablar.

—Chico, yo encantado te dedicaría mi libro y te lo firmaría porque aprecio a todos mis fans pero… —levantó el libro con su mano y me mostró la portada— No suelo hacerlo con libros que no son los míos.

Y ahí, en ese momento me di cuenta de lo que quería decir mi amigo. Había cogido un libro que no era, se le parecía en la encuadernación y con las prisas y lo borroso de los sueños, cogí uno del cual no me acuerdo su título pero lo que estaba claro que no era de Stephen King. Ahí la magia se evaporó y creo que desperté ya que el cupo de malas experiencias estaba lleno. 

Todos los derechos reservados. Copyright 2018.

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2 COMENTARIOS

  1. ¡Que bueno! yo soñe una vez con Chuck Palahniuk, que me daba consejos de escritura, fue genial, yo sigo creyendo que él también soñó conmigo. un abrazo

    • ¡Eiiiii! Gracias, jejeje, ese es de los pocos sueños que recordé a la perfección y corrí al teclado para que no se me olvidase. Jejeje, abrazo man!

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